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Plataforma de Organizaciones de la Infancia

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El pasado 26 de enero chicos y chicas se reunieron en el Congreso de los Diputados con la Comisión de Infancia y Adolescencia, donde contaron sus preocupaciones y propuestas a los diputados, en un acto organizado por la Plataforma de Infancia y UNICEF España, del que ya informamos de forma profunda en aquí.

De entre las muchas preocupaciones y propuestas que los chicos y chicas lanzaron una de ellas fue la de pedir un teléfono de ayuda a la salud mental enfocado a la infancia. Un teléfono “que cuente con una vía escrita como mensajes o WhatsApp”.  A su vez, los chicos y chicas pidieron “algún espacio en el que sentirnos escuchados” y el aumento “de la atención psicológica gratuita” para abordar problemas como el bullying.

El problema de la salud mental en la infancia y en la adolescencia

Podemos decir que el suicidio es la ‘pandemia silenciosa’, como se define desde diversos puntos. Y los datos tristemente dan la razón a esta afirmación. Si los centramos en personas menores de 50 años y por comparar las muertes por suicidio con las de la pandemia que no es silenciosa y que sale en todos los medios como es la de la COVID-19, la realidad habla de un problema de gran magnitud. Así, en los tramos de edades de entre 0-29 años, de 30 a 39 y de 40 a 49, las muertes por suicidio superan a las ocasionadas por la COVID-19 en el año 2020.

No es casualidad que este 2020 fuese el año con más suicidios registrados (3.941) y tampoco lo es que esta plaga silenciosa afectara — y afecte — en gran medida a la infancia y a la adolescencia.

Marco de actuación en los centros educativos

Como consecuencia de todo esto, los protocolos contra el suicidio han llegado a las escuelas ante el aumento de casos y ante el aumento del riesgo a que se produzcan.

Cinco autonomías aprueban en los últimos meses guías para prevenir las conductas autolesivas y actuar ante la ideación suicida de los alumnos. Los docentes se sentían desprotegidos ante el aumento de casos”, apunta El País.

“Cualquier cambio repentino en la conducta del alumno puede ser un indicador. Si se detecta que ha cerrado sus cuentas en las redes sociales, que se aísla y se le ve solo en los recreos, que disminuye su esfuerzo, que empeoran sus notas, ausencias injustificadas o comportamientos inadecuados en clase cuando no son habituales en él. Esa detección es una de las mayores complicaciones, aseguran los docentes consultados, y por eso algunos protocolos, como el de Aragón, contemplan la figura del alumno de apoyo o el ciberayudante, estudiantes a los que se forma para que detecten situaciones de riesgo o acoso en el centro o las redes sociales”.

Para diversas fuentes consultadas por el propio El País, como Manuel, un director de un instituto de Madrid, todo esto es el resultado del drama social en el que vivimos.

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